El Masters de Miami ha sido, como era de esperar, otro paseo triunfal más del rey del tenis, Novak Djokovic que se convierte, con este triunfo, en el primer jugador en alzarse con 28 títulos de Masters 1000, sobrepasando la estratosférica marca de 27 que posee Rafael Nadal.Most titles Masters 1000

Los datos son tan abrumadores como el dominio que el serbio ejerce sobre el circuito. Parecen inacabables los registros que el serbio está destrozando a su paso. Desde 2011, el indiscutible número uno mundial ha vencido en 23 de los 47 Masters 1000 que se han disputado, prácticamente la mitad del total, imponiéndose, en ese periodo, en casi el 80% de las finales que ha jugado (23 de 29). Un dato casi surrealista e impensable hace solo unos años. Linkamos aquí otros registros pulverizados por el serbio. Miami book of records Best titles/entries ratio Masters 1000 Best titles/entries ratio hard surface H2H Series Highest % Wins Highest % Masters 1000 Wins highest % hard surface Finals streak Masters 1000

La carrera del serbio ocupa ya un lugar de honor en cualquier clasificación que se mire. En Miami, Djokovic se ha anotado su título número 63, superando ya los 62 de Guillermo Vilas, a solo uno de Bjorn Borg y Pete Sampras y a tres de Nadal. También en Crandon Park el serbio ha llegado a las 714 victorias, rebasando en una a Arthur Ashe y a su propio mentor, Boris Becker. Sampras y Nadal comienzan a aparecer en su punto de mira. Most titles Open Era

En lo que se refiere a la temporada, los datos se muestran igualmente contundentes. 4 títulos, 28 victorias por una sola derrota y 9-0 contra los top-10, números que van camino de mejorar las marcas supuestamente insuperables de 2015. Los records y registros imposibles van cayendo como fichas de dominó a un ritmo desenfrenado, como si fuera la cosa más fácil del mundo. Djokovic 2016 stats

El dominio que Djokovic está ejerciendo en el circuito tiene escasos parangones en la historia del tenis abierto. Quizá Rod Laver en 1969, cuando ganó su segundo Grand Slam. O Jimmy Connors en 1974. Tal vez Bjorn Borg en 1979 y 1980 o John McEnroe en 1984. O Roger Federer en 2005 y 2006.

Pero Laver perdió 15 partidos en 1969, (7 según la ATP que no recoge en sus resultados muchos torneos notables de esos años). Connors no pudo prolongar su dominio en 1975, perdiendo las finales grandes que disputó. Borg fracasó en el US Open, McEnroe no pudo mantener el mismo nivel en 1985 y Roger Federer nunca pudo imponerse a Nadal en la tierra batida. Pero el principal hecho diferencial es que todos tuvieron competencia. Nunca doblaron en puntos a su inmediato seguidor y siempre hubo quien estuvo en disposición de asaltar el trono del campeón.

Pero ahora nos encontramos en una situación diferente. El problema no es que Djokovic gane absolutamente todo lo que juega. La cuestión es que lo hace sin oposición. El serbio apenas ha cedido 8 juegos en las dos finales que ha disputado en Indian Wells y Miami y la impresión que ha dado es que no ha necesitado exprimirse, salvo en momentos muy puntuales. Nadie parece capaz de frenarle y de seguir este ritmo podría ser número uno virtual de 2016 antes de disputar Roland Garros. Insólito.

Lo cierto es que el circuito ha entrado en una etapa donde la emoción y la incertidumbre -componentes esenciales en cualquier competencia deportiva- brillan por su ausencia y en esta tesitura el circuito corre el riesgo de quedar sepultado en el aburrimiento de una monotonía imperturbable. En 2011 y 2012 Djokovic también era número uno indiscutible, pero Nadal,  Federer o Murray eran capaces de ponerle en serias dificultades. Hoy parece una entelequia soñar con finales como la del US Open 2011 y Australia 2012 contra Nadal, US Open 2012 contra Murray o Wimbledon 2014 contra Federer.

Algo tiene que pasar para revitalizar el circuito, porque a este paso van a tener que hacerse repescas para los jugadores que caigan por el lado de Novak y así tengan opciones justas de al menos alcanzar la final. Cabe desear que en la temporada de tierra batida que comienza ahora, Djokovic encuentre más resistencia de la que ha encontrado hasta la fecha.

Por lo demás, el torneo fue una escabechina para el resto de los favoritos. Federer no pudo presentarse a su partido con Juan Martin Del Potro, víctima de un virus. Nadal fue vencido por las extremas condiciones climáticas de Cayo Vizcaino y Murray y Wawrinka parecieron lejos de su mejor forma. Así los cabezas de serie 2, 3, 4 y 5 cayeron antes de la ronda de octavos, algo que no ocurría desde Miami 2005. Miami 2005 draw

Y como toda cruz tiene su cara fueron los modestos los que esta vez sonrieron. Horacio Zeballos -que no había podido superar la previa y se clasificó in extremis para cubrir la baja de Federer – alcanzó por primera vez en su carrera la ronda de octavos de un Masters 1000. El bosnio Damir Dzumhur que nunca había ganado un partido en Masters 1000, obtuvo tres victorias consecutivas. Las mismas que Andrey Kuznetsov que derrotó además a Wawrinka, su primera victoria ante un top-5.

Destacaron Kei Nishikori, protagonista del que quizá fue el mejor partido del torneo, ante Gael Monfils, donde tuvo que salvar 5 bolas de partido, David Goffin que alcanzó su segunda semifinal consecutiva, Nick Kyrgios que eliminó a Milos Raonic para plantarse por primera vez en una semifinal de un Masters 1000 y Dominic Thiem que dispuso de 15 bolas de break contra Djokovic -solo aprovechó una- y que fue, junto a Goffin, quien en mayores aprietos puso al número uno.

Comienza la tierra batida y los aficionados esperan volver a disfrutar de auténticas batallas sobre el polvo de ladrillo. Los Nadal, Murray, Wawrinka, Federer, Ferrer, Thiem y compañía tienen la misión de evitar que el monólogo del serbio continúe ininterrumpido. Pueden ganar o no -al fin y al cabo lo deseable es que gane el mejor- pero si deben tratar de devolver el espectáculo y la emoción a las canchas, so pena de que lo único que se mueva en el tenis sean los libros de records.

 

Gabriel García / thetennisbase.com

Deja una respuesta