Viendo la gran temporada que ha hecho Novak Djokovic tengo una sensación especial. Parece que ha encontrado una estabilidad emocional interna que le está dando estos resultados, y no es el trabajo de hoy. Lleva muchos años buscando estas sensaciones, persiguiéndolas.

En mi opinión, la entrada de Boris Becker en el equipo, que dio mucho que hablar al principio, y que provocó todo tipo de comentarios en la gente, fue algo impactante. Pero después de los resultados obtenidos me lleva a pensar que el alemán le ha llegado muy adentro. Me parece que los dos se sienten muy identificados el uno con el otro. Son dos enormes jugadores, peculiares y característicos. Y de alguna forma Becker es la sombra de Djokovic, dicho esto positivamente y con todo el respeto del mundo.

A los dos les gusta el espectáculo, el ‘show’, todo lo que va más allá del tenis. Les gusta ser estrellas. Y Novak se siente muy respaldado por Becker, que le está ayudando mucho en algo de vital importancia en el deporte: llevar la fama, convivir con el éxito, resolver los actos profesionales. Boris le ayuda a disfrutar y le enseña a gestionar todo eso que a él le costó manejar cuando se convirtió en un ‘boom’, en un impacto mundial.

Esta temporada, Djokovic no ha hecho más que demostrar que puede ser, sino uno de los mejores, el mejor de la Historia. Desde que ganó el décimo título del Grand Slam no ha parado de creer que puede alcanzar a los mejores. Cuando empezó este año se encontraba muy bien de forma pero hasta que no pasaron las semanas y los meses no se ha dado cuenta de la magnitud que tiene su tenis. Para mí se ha convertido en un jugador casi indestructible por su forma de moverse, por saber combinar el juego agresivo con el defensivo, por su movilidad, y muy por encima de todo, y factor vital, por una paz que ha encontrado consigo mismo que antes no tenía, y de una ambición ilimitada.

Lo demuestran, no solo sus resultados, sino sus gestos. Sus caras, su forma de actuar en la pista. Es muy difícil reconocer si va ganando o perdiendo en un partido. Si va 2-1 en el primer set, o 5-5 en la quinta manga de una final de un Grand Slam. Ha encontrado un equilibrio interno que solo lo tienes cuando sabes claramente lo que buscas, y en especial por lo que sueñas. Y eso es lo que más me está impresionando de él.

Ha aprendido un sistema de juego, que aunque gane o pierda un punto va a seguir con sus rutinas. No se inmuta y celebra cuando tiene que celebrar. No derrocha energía innecesaria, e incluso si recordamos ese momento cuando está ganando títulos de Grand Slam, sus celebraciones son muy comedidas. Da la sensación de que su trabajo está empezando, que está al principio de su trayectoria.

Sus gestos no son de una gran alegría. Él va poniendo piedra a piedra la base de un proyecto para alcanzar su objetivo final. No lo va a expresar públicamente pero estoy convencido de que su objetivo será convertirse en el número uno de la historia. Lo positivo para sus rivales es que sabemos que el año 2016 empieza de cero para todos y podrán darle alcance.

No sucedería lo mismo si tuviéramos el ranking bianual, como se ha propugnado en algunos momentos. Si fuera así sería inalcanzable. En esta ocasión la puntuación establecida puede ser beneficiosa para que el circuito pueda mantener la emoción. Esa misma que él ha firmado esta temporada.

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