Con la derrota ante David Ferrer, Lleyton Hewitt, el líder indiscutible del tenis australiano en la última década del siglo XX, dice adiós a su largo periplo como jugador profesional. En Melbourne, ante sus compatriotas, en el torneo que siempre quiso ganar y con su familia como testigo, el otrora «enfant terrible» del tenis mundial ha clausurado una carrera colmada de victorias y, sobre todo, de lucha y pasión.

La trayectoria del campeón australiano no se puede explicar sin aludir a su explosivo carácter; sus señas de identidad han sido la batalla, la épica, la lucha sin cuartel y la proeza, terrenos donde Hewitt mejor se ha expresado y donde ha sacado lo mejor de sí mismo. El australiano jamás ha admitido la derrota antes del apretón de manos en la red. Su determinación era absoluta. Su entrega, total. Para él no ha habido nada más allá de la victoria, y para conseguirla no le ha importado transformar el partido en una guerra casi personal donde, a menudo, sus miradas feroces, su legendario «come on!» y su puño en alto han resonado más que los golpes de su raqueta. No importaba. Lleyton quería ganar y, sobre todo, odiaba perder. Ha sido el irreductible del tenis mundial.

Semejante actitud no le atrajo precisamente las mayores simpatías. Quizá lo único que importa en el tenis profesional es la victoria, pero evidenciarlo de una manera tan expresa se hacía un tanto indigesto para muchos. Se le criticó en diversas ocasiones y durante sus mejores años no fue favorito del público, excepto en Australia. Se las tuvo tiesas con algunos rivales, como Chela y Coria, y protagonizó incidentes de repercusión global, como cuando en su partido con Blake del US Open de 2001 insinuó que un juez de línea de raza negra ayudó a su rival por afinidad étnica.

Como jugador era muy completo, especialmente en el fondo de la pista. Pero careció de un golpe ganador con el que desbordar a los rivales. Su estilo se basaba en una sólida defensa, aprovechando su velocidad de piernas y su excelente capacidad de desplazamiento, esperando siempre la ocasión para  contraatacar o pasar al rival cuando este se adelantaba a la red. Supo sacar el máximo partido a sus características y aplicar las tácticas más apropiadas en cada partido. Por ejemplo, era un maestro a la hora de sacar abierto a ambos lados para luego entrar con la derecha al resto corto del rival. Celebraba los grandes puntos con tanta intensidad que sacaba la máxima ventaja psicológica de los mismos, tanto en términos de su propia motivación como en desánimo del rival, que recibía siempre el mensaje de lo cara que estaba la victoria.

Con estas armas Hewitt construyó un palmarés envidiable. Irrumpió como un tornado en el circuito y ya en 1998, con solo 16 años y en su segundo torneo profesional, se alzó con la victoria en Adelaida ganando sucesivamente a vacas sagradas como Draper, Woodforde, Spadea, Agassi y Stoltenberg. Era en ese momento el 550 del mundo. Nadie ha vuelto a ganar desde entonces un torneo ATP con un ránking tan bajo. Adelaide 98 Draw

A partir de ahí, los buenos resultados se sucedieron. Ganó la Copa Davis en 1999, aunque perdió sus dos individuales en la final, y acabó el año en el top-30; fue Maestro y se consagró definitivamente como gran campeón en el año 2001. Esa temporada ganó el US Open, derrotando en la final a Sampras en tres sets, y la Copa Masters. El 19 de Noviembre de 2001 aparecía como líder mundial en la lista ATP. Tenía 20 años, 8 meses y 26 días, el número 1 ATP más  joven de la historia, marca que aún mantiene. Youngest #1 ATP

En 2002 los éxitos continuaron. Se alzó con su segundo Slam, coronándose en Wimbledon ante Nalbandián y defendió su título de Maestro ante  Juan Carlos Ferrero en Shanghai, en  un tremendo partido a cinco sets, su marca de la casa, remontando break en contra en el quinto set. Número 1  de la temporada, de cabo a rabo, parecía que con la decadencia de Sampras y Agassi el tenis podría tener rey para rato.

2003, sin embargo, resultó un tanto decepcionante. La temporada comenzó bien, con los títulos de Scottsdale e Indian Wells pero en Wimbledon cayó en primera ronda ante Karlovic. Era la primera vez, desde Santana en 1967, que el campeón vigente caía a las primeras de cambio en el All England. De resultas de ello perdió el número uno mundial, que ya nunca recuperaría. La temporada, sin embargo, acabaría de forma brillante para el rutilante «aussie» que alzó su segunda ensaladera en Melbourne, ante España, siendo en esta ocasión el principal protagonista del equipo australiano, ganando los cinco individuales que disputó.

Durante los siguientes años Hewitt mantuvo un gran nivel pero ya no pudo aspirar a los resultados de 2001 y 2002. Hizo final en el US Open en 2004 y en Australia en 2005. Pero a partir de 2006 sus resultados empezaron a decaer. Sus piernas no eran las mismas y sencillamente no pudo seguir el ritmo que los Federer, Nadal y Djokovic imponían.

Su garra y su voluntad de victoria se mantuvieron incólumes siempre, pero su actitud se moderó significativamente. Ya no era el joven arrogante que desafiaba a todo y a todos por la victoria. Se le empezó a considerar como a un gran jugador, cuyo espíritu de lucha y carácter competitivo le convirtieron en campeón. Las lanzas de la opinión pública se volvieron paulatinamente cañas y Hewitt ha acabado por ser uno de los jugadores más respetados del circuito. Quizá en ese cambio de percepción influyó, además de la madurez del australiano, el hecho de que ya no podía aspirar a los grandes laureles, ¿quién sabe?

Hewitt ha dejado para la historia grandes batallas para el recuerdo. Quizá la mayor de todas la victoria ante Federer en las semifinales de la Copa Davis de 2003, cuando remontó al vigente campeón de Wimbledon dos sets abajo y break en el tercero. También su victoria ante Ferrero en la final de la Copa Davis de ese mismo año quedará en la memoria de quienes lo vieron. O su victoria ante Nadal en el Australia Open de 2005, también en cinco apretados sets, donde quizá el australiano llegara a tener la sensación de estar jugando contra un espejo.

No en vano Hewitt es el segundo jugador de la Era Open que más partidos ha llevado al quinto set. Nada menos que 57, solo uno por detrás de Ivan Lendl, a pesar de que en la época del campeón checo los partidos al mejor de cinco eran más frecuentes. 5 sets matches all time rank

Algunas estadísticas de Hewitt, como la anterior, muestran con nitidez su carácter de luchador.  Hasta 2006 disputó 30 partidos al límite de los cinco sets. Ganó 21, un 70%. Cuando el partido era al mejor de tres, ganó 104 de los 148 partidos que llegaron al límite, un también impresionante 70,27%. Y pudo remontar 61 de los 130 partidos a tres en los que iba set abajo, un increíble 46,92% que supera ampliamente incluso a Federer (38,24%), Djokovic (41,22%) y hasta al posiblemente mejor competidor de la historia, Rafael Nadal, que en esta estadística alcanza el 39,75%. Pocas veces los números dan un reflejo tan fiel y exacto del carácter de un jugador. Hewitt Advanced Stats

Ciertamente, luego no pudo mantener ese nivel. Pero en sus años dorados Hewitt fue un dolor de cabeza para cualquiera. Sampras, por ejemplo, ganó sus tres primeros duelos. Pero a partir de Queen’s 2000 Hewitt se impuso en cinco de los restantes seis partidos que jugaron. Venció a Federer en siete de sus primeros nueve partidos. Solo a partir de 2004 pudo superarle el suizo con claridad, aunque Hewitt se ha quedado con la satisfacción de terminar la serie con su victoria de Brisbane 2014. Nadal también sufrió lo suyo con el australiano, perdiendo cuatro de los cinco primeros duelos. Incluso Djokovic no pudo sustraerse al poder del guerrero, cayendo en su primer enfrentamiento en el US Open 2006.

Para sus coetáneos, Hewitt fue uno de los peores rivales posibles. Los empates con Roddick y Safin (7-7 con ambos) son casi su peor resultado. 7-5 a Moyá, 7-4 a Haas, 9-1 a Henman, 6-4 a Ferrero, 8-1 a Blake, 6-3 a Grosejan, 7-1 a Kafelnikov, 7-0 a Bjorkman, 6-1 a Costa y Enquist, 3-2 a Rios… Resultados que sitúan a Hewitt como lo que es, un grande de su época.Hewitt Rivalries

Hewitt deja la raqueta por la silla. Como capitán de Copa Davis tratará de reverdecer los marchitos laureles australianos. Y a buen seguro intentará transmitir los valores que le convirtieron en leyenda a los Tomic, Kyrgios, Kokkinakis y compañía. Quizá, si los alumnos se aplican, pronto tendremos otro gran guerrero en las canchas del mundo.

 

Gabriel Garcia / thetennisbase.com

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