La confianza es un estado ideal para competir que nos permite afrontar situaciones difíciles, con las herramientas adecuadas y organizadas en ese momento. Podríamos escoger muchos tenistas como ejemplo para este hábito, algunos de ellos tienen golpes espectaculares y saben cómo aplicarlos. Pero hoy vamos a hablar de un jugador especial, sin mucha altura, sin mucha envergadura, sin muchos golpes, pero que lleva más de 10 años entre los diez primeros, es temido por su confianza y por lo duro que es jugar contra él.

Es un campeón al que admiro mucho. Me refiero a David Ferrer. Nos conocimos en mi etapa de capitán de la Copa Davis, en el 2006 y fue uno de los primeros que fui a visitar en su pre-temporada. Aparecí por el club y ahí estaba él, con todo su equipo de trabajo. Apenas llegué, se fue a la pista y empezó a pelotear y, al poco rato, a moverse de lado a lado. Como su patrón es tan complicado, ya que tira cruzado en un porcentaje muy elevado, debe moverse sobremanera y crear un hábito de ello es una tarea muy difícil. Y siguió, y repitió, y continuó, y cruzada, y cruzada y buscaba el ángulo para no permitir al rival volver a abrirle pista y que tuviese el otro que correr más que él. Luego, tras más de 45 minutos, empezó con dos cruzadas y una paralela. Y así otros 45 minutos, más habito, más confianza. Aquel día me di cuenta de que aquellos entrenos tan duros le darían la posibilidad de aprovechar esa confianza, ganada en los entrenos, en los grandes partidos.

Pero mi sorpresa no terminó en la pista; se cambió sus zapatillas y se fue al campo de fútbol. Empezó a correr, iba de punta a punta y vuelta trotando. Así repetición tras repetición. Tenía que hacerlo al 80% pero lo hacía al 120%, quizás también motivado por mi presencia. Yo era un jugador de parecidas características a David, pero ese tipo de entrenos a esa intensidad debo reconocer que distaban mucho de los míos, ¡y mira que yo entrenaba!

Con esta historia, empezamos a ver de dónde viene un factor como la confianza:

Técnicamente, entrenando de forma repetida en situaciones extremas en carrera para contrarrestar rivales con más juego.

Tácticamente, organizando esas herramientas de manera meticulosa y casi enfermiza, creando hábitos en cada situación para salir del problema, creando UN PATRÓN. Mayor problema, mayor organización, mayor confianza. El llegar a crear un estado de competición que ante cualquier embestida siempre tengas respuesta táctica merma las fuerzas del rival y potencia las tuyas.

Físicamente, para llevar a cabo ese patrón, necesita unas piernas y un equilibrio en carrera privilegiado, que te permitan contrarrestar las continuas embestidas del contrario y hacerlo sin pensar, sin cansarse y como parte de tu juego. Esos entrenamientos organizados de tenis, mezclando el trabajo aeróbico y el anaeróbico, mezclando el tenis, carrera continua, farleighs, sprints, bici, para poder confiar en esas piernas que él sabe no le fallaran en esas situaciones difíciles y que le permitirán aplicar esa Táctica tan desarrollada.

Mentalmente, todo este trabajo, la capacidad de repetición, de hacer, de ser constante, de darse cuenta de que funciona, de que a mayor presión más puedes confiar en la organización de tus herramientas, en el patrón, es la confianza. Saber que ese hábito que ha trabajado es el arma más potente porque no cometerá ningún fallo, no dudará, no flaqueará y, además, creerá en ello, lo hacen temible.

Trabaja los hábitos que te dan confianza en cualquiera de los cuatro pilares y tendrás mejores golpes, mejor organización, mejor uso de tu cuerpo y mejor intensidad, foco y pasión para poder acordarte en esos momentos claves de lo que haces bien, tu táctica, y aplicarla sin dudas, sin remordimientos, con toda la pasión.

David sabe perfectamente, como saben también otros jugadores de estas características, tipo Nadal, Djokovic o Murray, que en los inicios de los partidos y con los otros jugadores frescos sufrirá, pero también sabe que, a medida avance el partido, el otro jugador le dará oportunidades y entonces aparecerá la mejor versión del guerrero que estaba agazapado, invulnerable, como si no tuviese memoria de lo anterior, sólo pensando en su presa. Usando sus golpes, manteniendo su organización, sabiendo que su físico le permite continuar y su cabeza fresca y lista le dan la confianza para seguir compitiendo, sentirá que la presa cede y ahí aparecerá ese estado confiado al que no le afecta nada, sólo la batalla y usar su patrón, en el que confía.

Gracias a David y muchas batallas de estas, llegamos a la final en Mar del Plata. Allí, David se topó ante un Nalbandian inmenso y eso le dolió. No pudo usar su sistema, ni nada de lo explicado, estaba hundido. Me dolió en el alma que no pudiese ser el David confiado y llevarse la gloria.

Pero el trabajo siempre paga y él perseveró y, aunque yo ya no estaba de capitán, el año después, en la final ante Argentina en Sevilla, se volvió determinante y consiguió ganar el punto decisivo ante Del Potro, en un partido donde la confianza en los momentos decisivos fue la clave.

Me sentí tan orgulloso y contento, porque él se merecía ese triunfo por todo lo que había dado por el equipo y por haberme permitido, gracias a tanto trabajo, levantar la copa el año anterior.

 

Emilio Sánchez Vicario

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